Bien entrado ya el veranito con su solazo y su incivilidad, hayamos vuelto, estemos, o vayamos a ir de vacaciones, llega el momento ineludible de hacer su crítica.
Nunca me gustaron las vacaciones, por eso casi nunca viajo a ninguna parte. Como casi todas las personas, ignoraba las razones de mi preferencia o aversión. Buscando en mi librería de izquierda de cabecera, encontré algunas respuestas en este librito, Mar del Plata, el ocio represivo, de Juan José Sebreli, leído, sin paradoja, de a tramos entre viajes en trenes europeos, y que paso a reseñar a continuación.

Portada de la segunda edición, 1970
El libro, contracara del clásico Buenos Aires, vida cotidiana y alienación (1964), no es otra cosa que una crítica al fenómeno de las vacaciones tal como se da en la sociedad capitalista contemporánea. Para ilustrarla, el autor toma como caso de estudio nuestra queridísima Mar del Plata. Se compone el libro de dos partes: una historia de Mar del Plata como ciudad turística y la crítica a las vacaciones propiamente dicha, que no es sino una aplicación de ciertos conceptos de la Escuela de Frankfurt al fenómeno del turismo de masas.
Cuando anuncié que iba a reseñar ¡un libro sobre Mar del Plata!, mis interlocutores se mofaban de que fuera a perder el tiempo en semejante fruslería. Pero el mismo autor, en la introducción al libro, prevé críticas de ese pelaje: “El espíritu de seriedad académica me acusará, como ya lo ha hecho en trabajos anteriores míos, de frivolidad y superficialidad, como si la reflexión sobre un fenómeno frívolo deba ser necesariamente una frivolidad (…). En el marxismo no se concibe tal dualismo entre cotidianeidad e Historia: todos los fenómenos humanos son igualmente históricos. Esto no significa por supuesto que la historia deba interpretarse a partir de la vida cotidiana, sino, por el contrario, que la vida cotidiana debe interpretarse a partir de la historia.”
Y, junto con la acusación de frivolidad viene la de aguafiestas, cargo que más de una vez me han imputado a mí mismo: “Para aquellos que quieren ver la realidad argentina sólo desde la perspectiva de una mañana de sol en la playa, este libro, como otros míos, será la nota discordante de un inoportuno aguafiestas que viene a perturbar una reunión donde todos quieren estar alegres a cualquier costa. (…) Mar del Plata es sin duda la ciudad ejemplar, el espejo donde debe mirarse todo el país, y cualquier crítica al respecto caerá como un despropósito. Pero ni el país, ni la época ni la vida se adecúan [sic] literalmente a la bucólica ciudad-feliz.”
Esta noticia abundará en citas seleccionadas especialmente, algunas por verdaderas, otras por hilarantes, que me limitaré a hilvanar. A falta de algo que decir, dejo hablar al autor.
Historia de “La Feliz”
Comienza el librito con una descripción de la evolución histórica de Mar del Plata, desde los días de los exploradores, pasando por la era del tasajo, cuando la idea misma del turismo era impensable, revisando las distintas etapas de la ciudad ya convertida en balneario: desde su esplendor como enclave de veraneo de la oligarquía local hasta el apogeo del turismo de masas.
El estudio histórico se abre con el siguiente párrafo, de un pintoresquismo deliberado:
“Hubo una época en que Mar del Plata no era sino una región perdida, enclavada entre el desierto y el mar, con lomas azotadas por el viento, médanos y rocas cubiertas de musgo, golpeadas por las olas. Entonces el viaje era una verdadera aventura, con obstáculos innumerables, fatiga, peligros, privaciones, angustia de lo desconocido, lucha con las fuerzas de la naturaleza, que sólo se atrevían a afrontar intrépidos conquistadores o fanáticos jesuitas que cruzaban a caballo la pampa, o alguna vez, piratas que llegaban perdidos a esas costas desoladas, sólo pobladas por salvajes”.
“Las misiones religiosas, las aventuras piratas y las expediciones militares constituyen la prehistoria de Mar del Plata, la historia real comienza recién cuando poderosos intereses económicos arraigan en ella, iniciando la era del tasajo”
“La real existencia histórica de Mar del Plata tiene su origen en el proceso de acumulación primitiva de los medios de producción a partir de la revolución burguesa de 1810, es decir con el reparto de la tierra y la consolidación de la primera forma rudimentaria de capitalismo agrario argentino: la producción de carne salada o tasajo”.
El turismo es un fenómeno reciente. “En la sociedad precapitalista no se conoce el hotel, sino sólo posadas, bodegones y fondas.” Surge recién en las postrimerías del siglo XIX como moda entre la alta burguesía europea, ávida de escapar del hacinamiento de la sociedad industrial y de ostentar el producto de la acumulación en lo que Thorstein Veblen ha llamado “consumo conspicuo”. En la Argentina, la llamada “vuelta al campo”, catalizada por las ciudades atestadas de inmigrantes, asumió la forma de la creación de espacios de veraneo, alejados de una urbe devenida infecta y sórdida.
Las primeras temporadas exhibían un lujo asiático y contaban con la presencia de la crema batida de la oligarquía local; el vicepresidente Pellegrini solía animar las veladas. El almuerzo inaugural del hotel Bristol contó con una presencia insólita: “Entre los asistentes al acto estaba el que más tarde sería el último zar de Rusia, Nicolás II”
En una época en la que campeaban el pudor y la represión en las costumbres, el baño tomaba la forma de un estricto ritual:
“En los primeros tiempos damas y caballeros bajaban a la playa en riguroso vestido de ceremonia, ellas con capelinas, y ellos hasta con galera y cuello duro”
“Al llegar los bañistas a la playa, los bañeros procedían a la rigurosa discriminación sexual. Pero, a pesar de esa separación, las mujeres se cuidaban hasta lo ridículo: avanzaban hacia el mar dentro de casillas de madera con ruedas que ya en el agua dejaban en manos de los bañeros.(…) Ya en el mar, las mujeres se bañaban tomadas de la mano del bañero, o formando ronda entre varias de ellas, mientras proferían alegres gritos. En el trayecto de la casilla hacia el mar, que hacían corriendo como si estuvieran escapando de un peligro, dejaban ver por un instante el traje de baño de sarga azul que llegaba hasta los tobillos cubiertos por medias rosadas (…) La indumentaria de la playa tenía un significado ambivalente: ocultaba y a la vez sugería el atractivo sexual, de ahí también la actitud contradictoria que provocó y que persiste aún en nuestros días frente a modas mucho más audaces”.
No obstante, la represión férrea creaba sus propios intersticios para permitir el escape de las pulsiones eróticas, que muchas veces adoptaban, bajo la mirada actual, formas ingenuas:
“En esas casillas de madera aparecían todos los días agujeros que hacía desde afuera algún nuevo Acteón para espiar a las mujeres cuando se desvestían. Las ninfas castigaban al que conseguían sorprender con un jeringazo de agua salada ya preparado para tal efecto, provocando frecuentes irritaciones oculares”.
“Estos muchachos frecuentemente desaparecían de la rambla, ocultándose en la parte de la playa debajo de la plataforma de madera, por entre cuyas rendijas espiaban a las mujeres mientras se masturbaban. Esta práctica resultó tan generalizada que hubo que alambrar esa parte de la playa (…)”
El advenimiento del peronismo puso fin al predominio de la oligarquía en una Mar del Plata casi privada, donde todos se conocían, iniciando la era del turismo de masas:
“(…) el peronismo agregaba un nuevo golpe a la oligarquía con la democratización de Mar del Plata, privándola de otro lugar de reunión exclusivo, libre de la intromisión de extraños.(…)El revés del infierno peronista para las clases altas era el paraíso peronista para las clases populares(…)En los últimos años de su gobierno, Perón parecía creer que el país entero y él inclusive tenían que divertirse.(…) Mar del Plata conoció también como Buenos Aires el clima de fiesta permanente en que vivía el peronismo(…) ”
El turismo de masas, no obstante su apariencia de liberación democrática, cae en contradicciones que frustran su propósito inicial: “En departamentitos concentracionarios, en celdas de dos por dos, sin aire, ni luz, se hacinan familias enteras que han ido a Mar del Plata a “respirar”.
Crítica de la diversión alienada
Mar del Plata es una ciudad que vive de y para el turismo, el colmo de la inutilidad en un país acosado por la miseria. Esta existencia fuera de sí genera una sociedad esquizofrénica:
“Coexisten pues en Mar del Plata dos sociedades yuxtapuestas, la sociedad puramente consumidora de los turistas que se divierten y los marplatenses que se ven mezclados pero no unidos a los turistas, participando sólo en parte de la fiesta, trabajando discreta y silenciosamente para que la diversión sea posible. Los marplatenses no son sólo los intermediarios entre le producto y el consumidor, sino que su puesto les da una significación especial: están para satisfacer los deseos del turista ávido de diversiones, tienen en sus manos los productos anhelados por el turista, los supuestos placeres, el ilusorio goce de la vida. Deben por lo tanto tratar de descubrir las necesidades del turista, interpretar sus deseos más íntimos, adherirse a éste por una especie de sistema de dependencia que no puede ser vivido sino conflictualmente.”
“La llegada del turista, convertido en el centro de atracción, en la vedette, en la realidad esencial, transforma al marplatense en el otro, en lo subordinado, lo marginal, lo inesencial (…) El turista ejerce de ese modo, para el marplatense, una especie de atracción repelente (…) Por todo esto el marplatense no sabe bien si rechazar al turista o imitarlo, y en la duda no resuelta, adopta las dos actitudes al mismo tiempo, provocándose de ese modo un verdadero desgarramiento de conciencia”.
Sebreli también analiza el fenómeno de las formas estandarizadas y alienadas de diversión en la época en que la cultura juvenil irrumpe en el centro de la escena, advirtiendo, no obstante, su carácter fabricado:
“El “juvenilismo” lejos, por supuesto, de ser espontáneo, está perfectamente dirigido y manipulado por la sociedad establecida, se trata de integrar también a la juventud al mercado consumidor (…) La exaltación de la juventud como un valor en sí antes inconcebible, que irrumpe en Buenos Aires como en otras grandes ciudades del mundo, encuentra en Mar del Plata el ambiente propicio”.
“El “ruido” es el mundo de la diversión alienada, cosificada, convertida en mercancía(…) Si en otra época la vedette de los lugares de diversión nocturna era el barman, éste ha sido desplazado por el whisky estandarizado; la vedette es en su lugar el discjockey que de simple pasadiscos, sucesor de las legendarias vitroleras de los cafés para hombres solos en los treinta, se convirtió poco a poco en el planificador psicosocial de la alegría organizada.(…) La moderna boite de la actual sociedad técnica se parece más que nada a una central técnica, con su tablero conmutador, donde apretando botones y moviendo palancas se produce una diversión basada en los reflejos automáticos de los bailarines, convertidos en robots al ritmo hipnótico de una música mecánica.”
Es falsa la idea de que las vacaciones son una instancia libertina donde se puede dar rienda suelta al amor libre y pueden ocurrir aventuras fortuitas:
“Pero ese aparente desenfreno es paradójicamente antierótico. En los night clubs de la avenida Constitución no se permite la entrada a hombres y mujeres que no constituyan pareja, impidiéndose de ese modo todo tipo de relación fortuita.(…) Al final de esas noches de tanto agitación, para nada, los jóvenes bailarines quedan tan agotados que no desean sino irse inmediatamente a dormir. El baile, como el deporte, ha cumplido su función de exutorio de las energías sexuales.(…) “La búsqueda de pareja en Mar del Plata, que se vuelve casi obsesiva entre la gente joven, rara vez llega al acto sexual.”
“La propaganda de la industria de la diversión crea en todos los jóvenes del país la ilusión de una Mar del Plata desenfrenada donde se suceden las fiestas más locas que puedan soñarse (…) Cuando llegan se encuentran con un mundo de familias apacibles que van al cine. (…) Lo único desenfrenado que encuentran (…) es la pareja de piedra en posición de pedicatio.(…)
“Para el turista inexperto y sin agallas sólo queda una escapatoria: las prostitutas viejas, feas y cansadas que rondan por la acera derecha yendo hacia el mar de la avenida Luro, o las más baratas aún de La Perla (…) y que llevan a sus clientes a algún hotelucho siniestro donde el cuidador nocturno es mitad perro guardián y mitad alcahuete”
“Los impulsos sexuales sin posibilidad de descarga se emplean en los bailes agotadores, o en el auto-verdadero sucedáneo, en muchos jóvenes, de la amante- con el que se practica ese substituto del coito llamado “picada”.”
Es, en suma, lo que el autor ha anunciado en el título del libro con el nombre de “ocio represivo”:
“El concepto de ocio represivo que me sirve para interpretar el fenómeno turístico es un derivado de la teoría de la desublimación represiva expuesta por Marcuse. La desublimación represiva, según Marcuse, es una “liberación de la sexualidad en modo y bajo formas que disminuyen y debilitan la energía erótica”. Cuando los elementos sexuales son introducidos en la publicidad comercial, en el cine, en la televisión y, en el caso que nos interesa aquí, en la industria del turismo, no significa que le erotismo haya extendido su dominio sino que se lo ha convertido en mercancía, en valor de cambio, al servicio de los grandes intereses de la sociedad capitalista.
Crítica de las vacaciones
El último capítulo del libro pone al descubierto el “mito de las vacaciones”. Sebreli señala su carácter ritual, emparentándola con fenómenos más vastos de la antropología con los cuales reviste fuertes analogías.
“Las mismas características de la ceremonia religiosa, la fiesta sagrada y el juego volvemos a encontrarlos, ahora confundidos, en uno de los grandes mitos del siglo veinte: las vacaciones, esas hierofanías fulgurantes que atraviesan la vida cotidiana del hombre contemporáneo”
Como el juego y la ceremonia religiosa, las vacaciones se basan en la división estricta entre tiempo sagrado y tiempo profano, así como en la delimitación rigurosa de un espacio sagrado:
“El turista que sale del límite convenido, como un jugador torpe que tira la pelota fuera de la cancha, se encuentra intempestivamente en un universo indiferente y hostil que destruye la magia de las vacaciones, allí los marplatenses que van a su trabajo, que hacen su vida cotidiana, ofician de aguafiestas pues al no participar del juego muestran el carácter momentáneo del mismo, descubren la ilusión en que se funda el mundo del turista. Alrededor del juego es preciso que exista un círculo para protegerlo, cuando se salta el círculo, el juego queda en ridículo.”
“Del mismo modo que los creyentes llevan de los lugares sagrados objetos-fetiches, poseedores de mana, con el fin de trasladar algo de las virtudes mágicas del lugar a sus hogares, o de transmitirlas a parientes y amigos que no han podido estar en el lugar, los veraneantes recurren al “recuerdo de Mar del Plata”, toda una industria de lo feo y lo inútil, fabricado por los improvisados artesanos marplatenses durante el largo invierno(…) el fetiche debe ser poder llevado consigo, si el mar fuera sólido y pudiera cortarse en pedacitos también se vendería como objeto-fetiche(…) Con la organización de la industria en gran escala de los alfajores marplatenses, la cosa-fetiche desaparece para dar lugar al alimento-fetiche”
“Contra la moral del Ser, es decir de la estabilidad, de la permanencia que domina en el tiempo de trabajo, el hombre intenta realizarse en la fiesta y en las vacaciones como vida inmediata, como existencia momentánea y fugaz. Sin pasado ni futuro, quemándose en el fuego de las pasiones, agotándose en un instante, o sea destruyéndose. Una vida que se consume a la vez que se consuma.”
Para el autor, la democratización del ocio no es sino una maniobra del “capitalismo monopolista” para satisfacer sus propias necesidades de producción y eclipsar la conciencia de clase del proletariado para evitar el cuestionamiento del orden:
Integradas al sistema y condicionadas por las relaciones económicas del capitalismo, las vacaciones no son sino una preparación para el tiempo de trabajo, una reparación de fuerzas y un equilibrio indispensable.(…) En una sociedad alienada no hay ninguna posibilidad de que el ocio y la diversión no sean también alienados.”
“La extensión de las masas hacia lo que antes era sólo privilegio de minorías es exaltado por los apologistas del neocapitalismo como una de sus más altas conquistas y como la eliminación progresiva, pacífica, de las diferencias de clase. Esta teoría no es, por supuesto, sino una vasta maniobra de mistificación.”
“En la playa, las clases sociales se confunden en una sola: la clase turística, las jerarquías sociales son aparentemente olvidadas, la desnudez es niveladora”
“Desde entonces [los trabajadores] no vivirán sino para recuperar el brillante fantasma que habían sido durante las vacaciones. Trabajarán horas extras para volver a Mar del Plata. El mes de ilusión es la verdadera vida, para llegar a la cual hay que aguantar los once meses restantes. En realidad, no tienen vacaciones porque trabajan, sino que trabajan para tener vacaciones. Pero la trampa reside en que tienen vacaciones para poder seguir trabajando. (…)
“Se organiza entonces la diversión para que sirva de válvula de escape de energías peligrosas para el mantenimiento del orden establecido (…). El látigo ha sido sustituido por el terrón de azúcar, aunque en la otra mano se siga mostrando el látigo para cuando el azúcar no sea suficiente. La extensión de las vacaciones no implica sino la asimilación de las clases oprimidas a la sociedad de opresión, de tal modo que ya no tenga ni siquiera conciencia de la opresión y desaparezca toda forma de protesta.(…) “El turismo, como el deporte, constituye además para los regímenes reaccionarios un medio de despolitización de las masas, un eficaz antídoto contra las “ideologías”.
“No debemos olvidar que el neocapitalismo no es sólo una reorganización de la economía en los países de alto desarrollo industrial, sino también una “ideología” en el sentido de falsa conciencia, destinada a enfrentar toda crítica al sistema y, en los países dependientes como el nuestro, un modo de enmascarar al neoimperialismo (…) La peculiar posición de nuestro país- capitalista pero a la vez dependiente- nos hace sufrir los males de la alienación indigente y a la vez de la alienación “opulenta”. (…) Mar del Plata, centro de consumo puro en el corazón del subdesarrollo, foco de lujo rodeado de atraso y miseria, es un signo típico de la ideología neocapitalista entre nosotros.
“Lo que ocurre es que el capitalismo monopolista no sólo explota el trabajo del proletariado, sino también su ocio, manipulando sus necesidades eróticas, excitándolas mediante la publicidad, organizando y administrando su aparente satisfacción(…)”
“La sociedad hace actualmente vivir al hombre en condiciones tan oprimentes que lo obliga a huir, y después le vende el medio para huir, que no es sino la rueda de la ardilla”
La salida de una sociedad esencialmente cerrada es imposible, porque ésta ha manipulado el concepto de ocio hasta un punto tal que, dentro de sus parámetros, el verdadero ocio resulta inconcebible.
“Es absurdo pretender huir de la sociedad industrial utilizando para ello las redes de comunicación trazadas y controladas por la propia sociedad industrial capitalista; de una estación, decía Otto Weininger, no se puede jamás partir para la libertad. No se puede llegar a la aventura utilizando un servicio público”
También dedica un párrafo a un fenómeno que sigue de moda, y que yo hago propio para dedicarle a mis amigos que lo practican:
“Toda tentativa por huir del turismo organizado es muy pronto absorbida nuevamente por el turismo organizado: tal el caso del movimiento juvenil “mochilero” que comenzó hace algunos años. La supuesta vuelta a la naturaleza de los “mochileros” resulta hoy una burda patraña. Existe una industria bien organizada que provee a los jóvenes “salvajes” del equipo necesario para el camping.(…) En una sociedad donde las negaciones parciales son recuperadas y las críticas parciales, asimiladas, la única manera de huir de ella es rechazándola radicalmente; por eso la guerrilla campesina es hoy la única experiencia auténtica de “vuelta a la naturaleza”.
“No importa que los individuos puedan sentirse liberados y felices durante las vacaciones, porque no conocen la verdadera felicidad y la verdadera libertad. (…) La creación de un tiempo libre como dimensión cualitativamente nueva de la vida humana, presupone, no sólo la reducción de la jornada de trabajo, sino también la creación de una sociedad libre”, resultando imposible en la actual “donde ya no existe ningún resquicio que permita la evasión del individuo y donde todas las actividades humanas están rigurosamente dirigidas por las técnicas autoritarias de manejo y manipulación del hombre”
Dejo al lector la reflexión sobre la validez y la actualidad de las citas arriba expuestas.
P.E.B
Bibliografía:
Sebreli, Juan José: Mar del Plata, el ocio represivo, Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo, 1970
Sebreli, Juan José: Mar del Plata, el ocio represivo, Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo, 1970, p. 12